Sentía que te hacía feliz, aunque fuera por un instante. Te regalaba anhelos del lector que para entonces ya sabía que no era. Me daba placer tu placer por los libros. Te regalaba esperando que algún día me contaras esas historias como cuentos de cama que a mí no me contaron. Cuando las cosas se pusieron feas, te regalé más y más, creyendo que con letras resanaría las grietas que dejaban las peleas y los desencantos. Hoy me gustaría ser recordado como el señor Saki… Y no tanto por el escritor, sino porque sakió la biblioteca de su casa y la cartera de su papi para comprar curitas en la Gandhi, Amazon y demás lugares por una buena causa
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por cierto, te rifas