de pronto me inundan los sinsentidos. tras la caída de los absolutos, otra vez, sobreviene un impasse o letargo al cual y contra toda mi voluntad debo sobreponerme. supongo que es parecido al relato que hoy escuché acerca de la batalla que joe libra cada mañana en el pasillo hacia el microondas, sólo que a mi edad (¿inguenuidad?) todavía no es diario. ¿falta de serotonina? ¿así es la vida? ¿acaso no existe la perfección?
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