Al terminar el último trazo, la miró por última vez y comenzó a borrarla con la goma. La figura no desapareció por completo y pasó el corrector por toda la orilla, pero así sólo definió más la silueta. Entonces comenzó a rayar desesperado el papel con una pluma hasta que los bordes quedaron resaltados otra vez. Inconfundibles. Desesperado por no poder deshacerse de esa imagen, tomó la hoja y la rompió en pedazos. … Esperó un momento… Se arrepintió enseguida y muy agitado juntó
las piezas para reconstruirla como un
rompecabezas. Luego prendió fuego al papel. Se quemó las manos. Inhaló el humo que expulsaba. Tosió. También le entró a los ojos y lloró.
Finalmente, después de haberse repuesto, tomó el papel carbonizado y comenzó a trazar una nueva imagen en otra hoja.




