Querido lector (si hay tal):
El siguiente texto está bastante alejado del canon manejado hasta ahora por este blog. si usted busca música no la encontrará (aunque para este caso recomiendo el Le Poème de L’Extase de Alexander Scriabin. No hay link). Si busca una bonita y original imagen, tampoco. Puede usted pasar sin ver si así lo desea. A veces hay cosas que es mejor no leer. Si usted tiene una sensación de arrepentimiento después de terminar su lectura, recuerde que se lo advertí.
S. Lascoria
«Aquí se piensa,
también aquí se lucha, aquí se ama»
veía a mi mujer y me di cuenta de que ella me miraba también, directamente a los ojos. sin verme. no sé. gritaba como loca, como nunca. entonces me invadió una sensación distinta. extraña. comencé a sentir dolor. un dolor terrible. dolor y placer. un placer doloroso, terrible y maravilloso.
no soporté más verla, así que decidí participar.
la apuñalé por la vagina para que sintiera el dolor y el placer a la vez. como yo. gritaba como loca, como nunca. la obligué a que me viera, pero sus ojos estaban en blanco. miraba en un mundo aparente, el mundo del éxtasis. sentía lo que yo, estoy seguro. un dolor placentero. a la otra sólo tuve que darle una puñalada en el pecho. ya no la necesitábamos. seguí penetrando a mi mujer con el filo de mi venganza. filo capaz de generar el dolor y el placer. filo que no abandona. eso es el amor. sentir lo mismo en el mismo instante. juntos.
fue la mejor cogida de mi vida, de la de ella también (y ni siquiera usé la verga).
me deshice de ambos cadáveres. se quedaron juntos. desnudos en la misma posición que los vi de lejos. mi mujer no cambió su mirada. no se dio cuenta de que moría. se quedó viva en el mundo de la muerte y muerta en el mundo de la vida, de la vida muerta. ahí en el espacio del éxtasis que le dio aquélla. el éxtasis que le di yo. sintió LO MEJOR, lo que nadie. se lo hice sentir.
la mejor cogida de nuestras vidas y de nuestras muertes.






